“Vivo encadenando el arte”

Foto NELSON CASTRO
Antonieta Sosa: “No puede ser que gente que está fuera del arte determine lo que debe ser el arte”

Ella, que está ante uno hoy, ya lo estuvo ayer. Ella, que está ante uno hoy, lo estará también mañana. Y ella, que estará mañana ante uno, volverá a presentarse en el ayer y habrá sido mañana. Porque ella, despacio, siempre despacio, es espacio.

Antonieta Sosa, una artista con una larga y rica trayectoria en Venezuela, desarrollada tanto en lo pictórico, como en la fotografía, el video, la danza y hasta la más deslumbrante propuesta conceptual, es Premio Nacional de Artes Plásticas 2000, un galardón que espera se traduzca en no tener una maqueta de trabajo encerrada en una caja por años, ante la imposibilidad de transformarla en realidad. En un nuevo espacio.

Pero por los momentos, su principal preocupación está en conocer a los que serán sus alumnos de la cátedra Espacio en el Instituto Armando Reverón, en donde dicta clases desde hace nueve años. El año pasado, y luego de 16 años, renunció a la Escuela Cristóbal Rojas. Espacios y espacios. “Para mí enseñar arte no es enseñar solamente los recursos sino que haga un viaje hacia su interior, que mire hacia adentro, que se conozca. El conocerse es fundamental. Inevitablemente, mis clases tienen que ver con mis propias búsquedas. Sin embargo, lo que generan mis alumnos es totalmente distinto y eso es algo maravilloso. Si una persona se mira a sí mismo no habría nunca dos obras de arte iguales. Y es que para mí el ser humano no empieza ni siquiera en el momento en que nace, para mí el ser humano comienza desde muchísimo más atrás. Allí están los ancestros. Eso sí, no descarto las coincidencias, por el contrario, si son naturales son más que bienvenidas”.

—Tanta pasión puesta en las clases también son merecedoras de un premio...

—¿Te parece? Para mí enseñar es un laboratorio, un gran laboratorio. Tengo un amplio espectro comunicacional, estudié tres años psicología y está mi claro interés por la pedagogía, por lo que tiendo mucho a unir las cosas, a encontrarles una relación. Nunca aprecio que lo que está por aquí no tiene que ver con lo que está por acá. Algo o mucho las une, las relaciona, las vincula en este presente. La pedagogía presenta siempre el problema del otro y eso está muy bien. Es muy sano para mí. Si siempre trabajo sobre mí misma me asfixio. Es como una indigestión. Yo no estoy metida en una torre de cristal.

—Desde esa permanente relación que establece entre las cosas, ¿cuál es la relación que establece entre el país y el arte de hoy? —En mi exposición Cas(a)nto, que se realizó en el Museo de Bellas Artes en 1998, quedó reflejada mi angustia. Estaba mi casa pero también estaba el exterior. Recuerdo una foto en la que estaba una mujer, acostada en Parque Carabobo, rodeada de basura. Esa mujer tirada ella misma como si fuera una basura representa mi angustia entre el país y lo que soy. No se puede descansar en paz con toda esa gente que se está perdiendo, con eso que llaman chatarra humana. Ahora bien, estoy clara en que mi trabajo es local, en que éste es mi contexto. Yo no he estado pensando nunca en irme a París, Nueva York ni a ninguna otra parte. —A pesar de haber nacido en Nueva York...

—Sí, nací allí, en 1940, aunque soy de padres venezolanos. Viví de pequeña en esa ciudad. Allí estudié arte en la Universidad de California, en Los Angeles. Siempre fue importante para mí lo académico. Haga lo que haga, siempre me he propuesto hacerlo con la mayor rigurosidad posible. Busco lo mejor. No es fácil. Pero nada tiene por qué serlo. Por eso escucho, escucho mucho. Escucho todo lo que dicen, todo lo que se dice. Si nos escuchásemos todo sería diferente.

—Hoy que es su primera clase, ¿qué es lo primero que van a escuchar sus alumnos de usted? —Mis deseos de conocerlos. Yo no puedo trabajar con cuerpos con ropas. Yo trabajo con personas, con almas. Tengo que saber quién es el ser que está frente a mí. Quiero verlo a los ojos, que él vea los míos.

—Usted que trabaja siempre con el espacio, ¿cuál es el espacio ideal? —El que está en la mente de uno. —¿Se puede, o se debe, en estos días hablar de vanguardia en el arte? —Yo nunca he usado ese término. Algunos teóricos lo han usado para identificar ciertos momentos en la historia de arte. Yo creo en los procesos. Una cosa va llevando a la otra. Vivo encadenando el arte.

—¿Cuál es la mayor lección que debemos extraer del arte? —La sensibilidad. Debería ser una de las prioridades del hombre. Yo creo que si todos fuéramos más sensibles habría menos problemas en el mundo. No es posible que el hombre de hoy no esté consciente de eso. Una alumna mía que vive ahora en el exterior, Beatriz Yabur, está desarrollando una tesis para sensibilizar a las personas a través de las plantas. Eso es arte.

—¿Hay alguna lección que no debamos aprender del arte? —No es algo que se enseñe o que alguien enseñe, pero es una lástima que algunos aprendan que el arte puede ser un objeto sin reflexión, algo comercial, decorativo. Eso no tiene sentido. Lo rechazo con toda la fuerza que tengo. Todo lo que pueda distorsionar el arte en sí mismo es peligroso. Para mí no hay distancia entre arte y filosofía. Me molesta toda la parafernalia del “arte” que no es arte. Por eso prefiero ser llamada investigadora antes que artista.

—Y hay mucho “arte” que no es arte... —Sí y creo que por eso estamos aquí, por eso es que vienen estos espectaculares muchachos, por eso venimos los profesores, por eso hay un instituto de arte, por eso esperamos que el mañana sea mejor que el presente, ¿no? Todo va a cambiar, ya verás. No puede ser que gente que está fuera del arte determine lo que debe ser el arte, lo que es el arte.

—¿Cree en el arte autodidacta? —Claro, no existe la escuela de arte perfecta. Pero, por ejemplo, aquí está el esfuerzo de Luis Enrique Pérez Oramas, quien considero que está haciendo un trabajo muy importante. El se ha detenido a examinar al arte venezolano y a darle un piso, un piso que no tenía hasta el presente.

—Por simple curiosidad: ¿qué escribió en ese diario que lleva de manera obsesiva, según sus propias palabras, el día que le comunicaron que había ganado el premio? —Acordándome de una canción de Britney Spears escribí: “Querido diario: Me gané el Premio Nacional de Artes Plásticas. ¿Y ahora qué?”.

Rubén Wisotzki/El Nacional